FUNDACIÓN MEXICANA PARA LA SALUD
La campaña contra la innovación en el cuidado de la salud

Sydney Taurel

Gracias, Antonio López de Silanes y Guillermo Soberón Acevedo, por su gentil invitación. Me siento sumamente honrado por esta oportunidad de conocerlos a muchos de ustedes y de hablar con ustedes de algo que para nosotros es de suma importancia: la innovación. La creación de FUNSALUD como un medio para involucrar a los líderes nacionales del sector privado en asuntos relacionados con el cuidado de la salud y con los medicamentos fue una acción visionaria. Otros países harían bien en seguir su ejemplo.

Es un placer especial estar aquí durante nuestra celebración del sexagésimo aniversario de la fundación de Eli Lilly en México. Durante muchos años Lilly ha proporcionado a las personas de su país tratamientos para enfermedades infecciosas, enfermedades mentales, diabetes, cáncer y otras enfermedades que nos han hecho líderes en nuestros ramos de especialidad.

Actualmente, por lo que se refiere a las ventas, nuestra organización de más de 1,000 empleados ocupa el decimosexto lugar entre las compañías farmacéuticas de México. Nuestra Compañía es líder en la producción, mercadotecnia y venta de medicamentos vitales para tres áreas de prioridad en salud pública nacional: cáncer, diabetes y enfermedades mentales. También trabajamos con médicos líderes en México cuando probamos la seguridad y efectividad de nuestros nuevos fármacos por lanzar al mercado. Así que vengo aquí, con un gran interés de participar en la discusión de las políticas para el cuidado de la salud de su país.

Como ustedes bien saben, el tema de la industria farmacéutica en la política, es controversial en muchos países y en la comunidad internacional. Estos debates se centran en el costo de nuestros productos, en el acceso de los pacientes a los mismos y en el valor que proporcionan. Cuando se discuten estas preocupaciones, casi siempre falta una pregunta fundamental. Y ésa es la pregunta que ahora quiero hacerles: ¿Creen ustedes que ya tenemos toda la innovación médica que necesitamos?
Esta pregunta puede parecer completamente retórica, pero no lo es. En primer lugar, algunos comentaristas influyentes han dicho públicamente, en esencia, "Sí, hemos logrado un gran progreso en el cuidado de la salud. No necesitamos más innovación médica o no podemos financiarla."

Además, si las acciones pueden tomarse como respuestas, tengo que asumir que muchos líderes políticos deben estar de acuerdo con esta opinión. Las dos condiciones previas más importantes para la innovación en mi industria son las políticas públicas de apoyo a la protección de patentes y la fijación de precios en el mercado libre que reconoce los beneficios del producto innovador para los pacientes.

Pero cuando miro alrededor del mundo, veo que las propias políticas que animan la innovación están siendo menguadas mientras que las políticas que la desalientan están proliferando. Un tercero que intenta encontrarle sentido a esta tendencia, sin el acceso a otros datos de los motivos involucrados, razonablemente podría concluir que esto es parte de una campaña mundial contra la innovación farmacéutica.

Yo realmente no creo que haya alguna conspiración global —o incluso que los defensores de cualquier postura realmente pretendan detener el progreso médico. No obstante, esto puede ser exactamente lo que ellos hacen. Realmente me preocupa que si estas tendencias continúan —sobre todo con respecto a la protección de las patentes— podríamos ver el derrumbamiento de la innovación real en biomedicina.

Hoy, quiero argumentar a favor de cómo el sistema de innovación farmacéutica basado en las patentes trabaja en pro del progreso para el cuidado de la salud y, por consiguiente, en el progreso económico y por qué los cambios en la política que afectan a las patentes amenazan el descubrimiento de medicamentos tan importantes para los pacientes como para el desarrollo económico.

Como ustedes bien saben, durante más de dos siglos el sistema de patentes ha sido una parte vital de los sistemas legales en muchos países. La mayoría de los economistas está de acuerdo que las patentes son una fuerza poderosa para el crecimiento económico. Crean incentivos que atraen recursos financieros y talento humano en la búsqueda de innovación. Estos avances están enfocados en las necesidades de los consumidores. También aumentan la productividad y competitividad de los países.

Las patentes han sido cruciales en el desarrollo de virtualmente cada gran sector industrial que está basado en el progreso tecnológico —desde el automovilístico hasta el energético y la informática. Pero ningún sector depende más de las patentes que la industria farmacéutica. De manera muy breve, describiré más detalladamente la razón de esta dependencia. Sin embargo, primeramente quiero considerar el papel de la protección de la propiedad intelectual en el proceso a través del cual la innovación farmacéutica llega a las personas en todo el mundo.

Apoyada por un convincente —aunque imperfecto— sistema global de patentes, durante muchas décadas la industria farmacéutica basada en la investigación ha generado un flujo incesante de productos innovadores. A través de los años, hemos mejorado significativamente las perspectivas de las personas con problemas de salud como enfermedades infecciosas, cardiacas, mentales y diabetes.

Con los ingresos generados por los productos patentados, nuestra industria tiene la capacidad de invertir anualmente más de 35 mil millones de dólares para encontrar la próxima generación de nuevos medicamentos. En promedio, las compañías farmacéuticas reinvierten 15 por ciento de sus ganancias en investigación y desarrollo. En Lilly, esa suma es del 18 por ciento. Debido a esas grandes inversiones, podemos enfocar las últimas tecnologías de investigación —como la genómica —en los desafíos urgentes de salud, incluyendo el cáncer y el SIDA. En contraste, Microsoft invierte menos de la mitad del porcentaje de sus ganancias en investigación que las compañías farmacéuticas.

A medida que la industria obtiene ganancias de sus productos protegidos por patentes vigentes para invertir en desarrollos futuros, sus descubrimientos pasados pierden la patente. Esto crea una enorme presión en las compañías basadas en la investigación para continuar innovando —y para encontrar la próxima generación de productos innovadores. También incrementa el inmenso patrimonio de la industria de los medicamentos genéricos.

Los medicamentos genéricos ofrecen buenos resultados terapéuticos, a cambio de las modestas cantidades de dinero que cuestan, a decenas de millones de pacientes en todo el mundo. En una base de unidad-volumen, los genéricos representan el 95 por ciento o más de los antibióticos, analgésicos y antihipertensivos usados mundialmente. También representan el 90 por ciento de los productos para alergias y asma —y el 80 por ciento de los medicamentos para la epilepsia. E incluso tienen el 70 por ciento del mercado global en áreas que han experimentado innovación significativa —como los antidepresivos y antipsicóticos.

Además, los productos genéricos juegan un papel importante en todos los tipos de países. Como usted esperaría, el 95 por ciento de los fármacos esenciales de la Organización Mundial de la Salud listados para los países pobres son medicamentos cuyas patentes ya expiraron. Pero más de la mitad de las prescripciones hechas en los Estados Unidos también son para productos genéricos. Además, las prescripciones de genéricos aumentaron ocho veces más rápidamente el último año en los Estados Unidos que las de los productos de marca.

Bajo el sistema actual de patentes, virtualmente todos los medicamentos introducidos antes de 1990 están disponibles en todo el mundo para su réplica. Como ustedes saben, las compañías de genéricos sólo invierten en el pequeño costo de fabricar los productos descubiertos y desarrollados por las empresas basadas en la investigación —y en la distribución de esos productos. Por consiguiente, los precios de los medicamentos genéricos son mucho más baratos que los de los productos protegidos por patentes: son una fracción del precio. Esto representa un marcado contraste con muchos adelantos para el cuidado de la salud —desde la cirugía sofisticada hasta los diagnósticos de tecnología avanzada— que permanecen fuera del alcance de la mayoría

Ahora mismo, el legado genérico de la industria está experimentando su más rápido crecimiento en la historia. Estamos en un periodo de seis años en el que casi 40 productos principales —incluyendo 19 productos estrellas con ventas globales de más de mil millones de dólares al año— perderán la patente. En 2001, el magnífico antidepresivo de mi propia compañía —Prozac— estuvo entre esos productos. Otros incluyen Claritine, Zocor y Zoloft.

El hecho es que el sistema basado en las patentes promueve un flujo constante de productos innovadores y artículos de consumo. Esto crea un "colchón " económico natural para los sistemas públicos de salud. Los menores costos de los productos genéricos ayudan a reservar dinero para pagar por los productos protegidos por patentes, de mayor precio, que ofrecen mayores beneficios a los pacientes y a los sistemas públicos de salud.

Por supuesto, los beneficios de los medicamentos innovadores para los pacientes —en términos de calidad y duración de vida— son extraordinarios. De hecho, a menudo son incalculables. Es por esto que nuestra industria evoca fuertes sentimientos que afectan directamente el ambiente político en muchos países.

Los beneficios económicos creados por esta marcha de progresos para el cuidado de la salud también son enormes. Considere su efecto en los costos para el cuidado de la salud. Por ejemplo, el Profesor Frank Lichtenberg, de la Universidad de Columbia, ha calculado que la reducción de los gastos médicos por el uso de un nuevo fármaco es casi cuatro veces mayor que el costo agregado de ese fármaco.

Además de reducir otros costos para el cuidado de la salud, los productos farmacéuticos también aumentan la productividad de las personas en el trabajo, en casa y en la escuela. Estas ganancias en la productividad tienen enormes implicaciones al nivel nacional.

Estoy seguro que muchos de ustedes están familiarizados con el trabajo en este tema realizado por el Profesor Jeffrey Sachs —un profesor de la Universidad de Columbia que fue presidente de la Comisión de Macroeconomía y Salud de la Organización Mundial de la Salud. Después de servir como asesor económico a los gobiernos de varios países en desarrollo, el Profesor Sachs usó su experiencia para realizar un nuevo análisis de la relación entre la salud y la riqueza.

La mayoría de las personas cree que la riqueza viene primero —que la prosperidad permite a las naciones invertir en la salud de sus pobladores. La comisión de la Organización Mundial de la Salud, dirigida por el Profesor Sachs encontró que se cumple lo contrario —que la salud es un prerrequisito para la prosperidad. "La carga de enfermedad en algunas regiones de bajo ingreso… impone una severa barrera para el crecimiento económico— y por consiguiente debe tratarse frontal y centralmente en cualquier estrategia integral de desarrollo", concluyó la comisión.

A pesar del papel inigualable de la innovación farmacéutica en el cuidado de la salud en todo el mundo, el sistema basado en las patentes de las cuales depende claramente, está en riesgo. La protección de la propiedad intelectual es un problema mayor en muchos países —incluyendo a México. Por ejemplo, aquí en México, un proyecto de ley que haría obligatorio el otorgamiento de licencias a laboratorios que disputen patentes por el indefinido término de “enfermedad grave” será discutido en el Senado mexicano en las próximas semanas.

Las discusiones actuales en las rondas de comercio internacional han puesto en riesgo gran parte del sistema de patentes para las compañías farmacéuticas. Los participantes en las negociaciones continuas de la Organización Mundial de Comercio están considerando revisiones propuestas que permitirían esencialmente a los países en desarrollo revocar las patentes farmacéuticas casi a voluntad.

A pesar de la manera en que este problema ha sido tratado en la prensa, las compañías farmacéuticas no están preocupadas por los países pobres que invalidan las patentes para hacer frente a sus emergencias internas de salud pública. Esto ya está permitido bajo una prórroga voluntaria en ciertas estipulaciones de la propiedad intelectual del acuerdo actual de comercio mundial.

Lo que nos preocupa de esto es la legalización del robo de la propiedad intelectual. Durante muchos años, hemos visto cómo los fabricantes a bajo costo se aprovechan de cada oportunidad que pueden encontrar para producir fármacos "despojados de su patente" para exportarlos a los países a precios superiores. Igualmente, varios "intermediarios" sistemáticamente desvían medicamentos de los países pobres a naciones más adineradas.

Para resumir, creemos que la Declaración de Doha debe dar a los países muy pobres el derecho de conceder autorizaciones obligatorias para la importación de medicamentos claves para los cuales no tienen capacidades locales de manufactura. Esto es absolutamente crítico para las personas con necesidades desesperadas. Pero la declaración también debe contemplar fuertes disposiciones —con severas sanciones— que prevendrían el desvío a otros mercados de fármacos importantes destinados para los "más pobres de los pobres".

Debido a los difundidos ataques a la propiedad intelectual, yo creo que los políticos están en el umbral de cometer graves errores. Ellos podrían comprometer —o incluso destruir— nuestra capacidad para encontrar y desarrollar nuevos tratamientos —e incluso no darse cuenta que ya lo han hecho.

Cuando comento esto con diversos dirigentes gubernamentales en el mundo, me doy cuenta que muchos no me creen. Quizá lo que ellos realmente no dirán en voz alta es algo como: “¿Está usted diciendo que dejará de hacer investigación? Usted no lo hará. Eso es lo que usted hace. Usted no tiene otros negocios."

Aunque es verdad que continuaríamos haciendo de alguna forma investigación y desarrollo, probablemente sería muy diferente de lo que estamos haciendo actualmente. Mi argumento clave es que, bajo un régimen más débil de protección de patentes, el modelo económico esencial para nuestras inversiones en investigación ya no sostendría la verdadera innovación.

Yo sé que ustedes están muy familiarizados con la investigación y el desarrollo farmacéutico. Pero quiero tratar brevemente la economía básica del modelo de negocios de nuestra industria.

Las principales compañías farmacéuticas se basan y están manejadas por los fármacos estrellas. En este momento, estos fármacos están definidos como productos con ventas mundiales de más de mil millones de dólares americanos por año. Todas las grandes compañías basadas en la investigación —como Lilly, tienen formidables productos a nivel mundial que respaldan su cartera de acciones —y la mayoría de nosotros ha crecido desarrollando o adquiriendo una serie de estos productos a través de los años.

Los productos estrellas tienden a ser fármacos muy innovadores. Estos fármacos son importantes porque representan el primero o el mejor tratamiento para una necesidad médica mayor. La lista actual incluiría Zyprexa, el agente antipsicótico de Lilly o el hipocolestoleremiante Lipitor, por dar algunos ejemplos.

Al mismo tiempo, los productos estrellas son muy difíciles de encontrar, muy raros. A pesar de los enormes incentivos económicos, ninguna compañía ha encontrado una manera de producir consistentemente fármacos grandes e innovadores. A pesar de toda su sofisticación tecnológica, el modelo comercial centrado en la innovación es bastante primitivo.

Piense en un embudo, con el extremo ancho representando la fase de descubrimiento y el extremo angosto representando el punto de lanzamiento de un nuevo producto. Miles de compuestos entran en el extremo ancho del embudo y empiezan a ser probados. Un gran porcentaje falla muy tempranamente. Muchos mueren en cada etapa del desarrollo. Pero finalmente unos cuantos llegan a la meta —después de 10 a 15 años de inversión. En conjunto, este alto índice de selección y el valor del dinero en el tiempo explican en gran parte por qué cuesta de 800 millones de dólares a mil millones de dólares producir un nuevo fármaco.

De esos productos que llegan al mercado, no todos son éxitos comerciales. De hecho, sólo uno en tres genera suficientes ganancias para pagar por su desarrollo. Así que los verdaderos productos estrellas son una fracción de la fracción que sobrevive en el camino. Sin embargo, ellos permiten que el modelo económico de innovación funcione. Entre otros beneficios, los productos estrellas pagan no sólo por todos los fracasos, sino también por la menor innovación que ocurre en el camino. Más importantemente, los productos estrellas financian la investigación para más descubrimientos, lo que hace que nuestro motor de innovación produzca eficazmente el combustible en forma de ingresos, aún cuando consuma combustible en forma de presupuestos para investigación y desarrollo.

Tenemos que tener la capacidad de hacer apuestas, a pesar de la incertidumbre de lo que hacemos. Nuestras oportunidades de éxito mejoran al tener muchos candidatos para desarrollarlos. Pero el desarrollo de muchos candidatos obviamente significa mayores gastos proporcionalmente. A menos que tengamos uno o más fármacos importantes en el mercado para allegarnos estos recursos, no podemos permitirnos el lujo de los riesgos que conlleva la persecución sostenida de innovación en nuestra industria.

Por cierto, esto explica por qué la inmensa mayoría de los nuevos fármacos proviene de las compañías farmacéuticas y no de los laboratorios universitarios o gubernamentales. Los científicos del sector público pueden ayudar con la primera parte de la investigación. Ellos aportan las nuevas ideas para el extremo ancho del embudo. Pero no tienen las capacidades para convertir sus ideas en productos de los que los pacientes puedan beneficiarse. Y ciertamente, no tienen los recursos financieros requeridos para hacer formidables "apuestas" ante los altos riesgos.

Las compañías farmacéuticas basadas en la investigación son las únicas instituciones que están organizadas para comenzar, financiar, ensamblar y manejar el proceso de encontrar y desarrollar nuevos medicamentos. Nuestros equipos de descubrimiento-investigación identifican nuevas moléculas. Nuestros grupos médicos realizan los estudios clínicos que involucran a miles de pacientes en centenares de centros médicos en una docena o más de países. Nuestros equipos de desarrollo diseñan formas farmacéuticas mejores para los pacientes —y procesos de manufactura rentables y ambientalmente legítimos. Nuestros profesionales de registro entienden los matices de los procesos gubernamentales de aprobación de nuevos medicamentos en los países de todo el mundo. Nosotros sabemos cómo trabajar eficazmente con decenas de colaboradores en todas las fases de investigación y desarrollo. Y tenemos los medios financieros para sustentar los costos de todo este proceso.

Obviamente, el intrincado negocio de encontrar nuevos tratamientos farmacéuticos valiosos es tan arriesgado como complejo y costoso. Como usted bien sabe, lo único que induce a las personas a invertir en esto su dinero, su tiempo y su talento es la perspectiva de una ganancia proporcional a los riesgos.

Nadie, bajo cualquier circunstancia, está seguro de que logrará esta ganancia. Pero lo que garantiza que esta ganancia sea posible son los principios claves que mencioné anteriormente: la protección de las patentes y —durante ese periodo de protección— los precios en el mercado libre que reflejan el valor de un producto innovador para los pacientes y los pagadores.

El sistema de patentes les da a los inventores periodo de propiedad exclusiva de su creación, en el cual ellos pueden tratar de obtener sus ganancias. El precio basado en el mercado les permite a los innovadores exitosos lograr realmente el nivel de ganancias que sus inversionistas requieren.

La pregunta que los políticos necesitan meditar es ¿Qué sucederá con la investigación y desarrollo biomédicos si esos principios se ponen en peligro en un grado significativo? ¿Qué pasaría con el modelo que he descrito si las patentes farmacéuticas ya no constituyen incentivos financieros adecuados para las inversiones en la investigación de fármacos?

Yo creo que las compañías tendrían que revisar sus estrategias comerciales. Nosotros nos enfocaríamos primero en cómo sobrevivir —y después en cómo tener éxito en el nuevo ambiente.

Creo que lo primero que harían las empresas es enfocarse en aumentar al máximo las ventas de los productos existentes. Eso significa un gasto mucho mayor en mercadeo a medida que las compañías intentan aumentar sus ventas. El único lugar del que puede provenir el dinero es de sus presupuestos para investigación. Al crecer la importancia del mercadeo, el número de empresas se encogería en una intensa ola de consolidación. Muchos no tendrían otro remedio más que combinar operaciones y reducir costos. El resultado neto sería que el esfuerzo de investigación total de la industria se encogería tremendamente. En lugar de aproximadamente 20 compañías medianas a grandes, gastando colectivamente mucho más de 30 mil millones de dólares por año en investigación, cuatro o cinco grandes conglomerados podrían gastar la mitad o un cuarto de esa cantidad.

Además, cualquiera que sea el importe global gastado en investigación y desarrollo, éste se asignaría de manera muy diferente a la actual. Las compañías reducirían los recursos destinados a las primeras fases de investigación y los utilizarían para el desarrollo de nuevas indicaciones o extensiones de la línea de productos existentes —y para acelerar las moléculas en fase final de desarrollo.

Entonces, yo creo que con el tiempo surgirían varias otras estrategias para intentar compensar las menores ganancias potenciales, dedicándose a aventuras de menor riesgo.

Sospecho que la estrategia dominante se centraría en la imitación deliberada y en mayores mejoras de los productos ya existentes. El mercado farmacéutico se volvería un mundo de "los míos también" o una pelea de imitaciones y no de innovación entre las compañías. Muchas enfermedades ya no serían los blancos de los grandes esfuerzos por descubrir nuevos fármacos.

Otra estrategia muy probable sería un esfuerzo para diversificar más las compañías farmacéuticas. Para escapar de la regulación opresiva, las compañías podrían cambiar hacia el mercado de medicamentos de venta libre o a cualquier otra oportunidad similar que los consumidores pagan sin la intervención de un pagador público o privado.

La ironía final es que las empresas que serían más vulnerables en un futuro sin una protección adecuada de las patentes; lógicamente serían aquellas que hoy son las más comprometidas con la innovación. Esto ciertamente incluiría a mi compañía. Nuestra estrategia orientada hacia la investigación está generando un fuerte flujo de productos innovadores para los pacientes en México y en todo el mundo. A medida que aumentamos la productividad de nuestros esfuerzos de investigación y desarrollo, estamos en una posición excelente para sostener este flujo de nuevos productos interesantes.

La industria biotecnológica experimentaría un terrible debilitamiento. Como ustedes saben, las empresas pequeñas asumen grandes riesgos al dedicarse a nuevas tecnologías de investigación, nuevos blancos para descubrimiento de fármacos, y nuevas moléculas. Estas empresas juegan un papel esencial en la innovación para el cuidado de la salud. Elimine los incentivos creados por las patentes —y la industria biotecnológica desaparecerá.

Mire el impacto acumulado de todos estos efectos, y yo creo que usted puede ver el resultado. El motor de la innovación se quedará sin combustible. Los verdaderos descubrimientos médicos serán escasos, si es que suceden. Y —muy importante— el gran legado global de los productos genéricos nutridos por las patentes se "congelará con el tiempo".

Así que, nuevamente le pregunto —¿cree usted que ya tenemos toda la innovación que necesitamos?

En los próximos años esta pregunta ocupará el primer lugar de la agenda de políticos y votantes en todo el mundo —así como ha sido recientemente aquí en México y será el próximo mes en Cancún en la reunión de la Organización Mundial de Comercio. Reaparecerá una y otra vez. Ustedes tendrán oportunidades para dar sus respuestas —y sus respuestas contarán.

A medida que los costos para el cuidado de la salud continúen aumentando, estoy seguro que habrá algunas voces dispuestas a criticarlos —como las del Partido Verde y la cadena de Farmacias de Similares aquí en México, por mencionar un ejemplo de todos conocido.

Por otro lado, debemos imaginarnos las voces de todos los que padecen enfermedades que todavía no podemos derrotar: los millones que padecen de insuficiencia cardiaca, de enfermedad de Alzheimer, de una docena de cánceres mortales, de las complicaciones de la diabetes, y así interminablemente. ¿Cómo votan ellos? Ellos necesitan el acceso a la innovación y el apoyo del sistema público de salud como el IMSS, el ISSSTE y el Seguro Popular.

La terrible ironía de la campaña contra la innovación es que está surgiendo precisamente en el momento en que la historia de la medicina está a punto de dar un gran salto hacia delante. Los frutos de la tecnología genómica y de otras nuevas disciplinas, claramente tardarán algún tiempo —más largo de lo que pensamos al principio— en transformar la tecnología farmacéutica. Pero esa transformación llegará —si nosotros no la impedimos con controles miopes.

El hacer eso dejaría desamparados a millones de enfermos, y con todo nunca ofrecería un control eficaz de los costos. Nos dejaría estancado en alguna parte de la curva del progreso — lo bastante adelantada para hacer algo bueno a un gran costo pero no lo suficiente para realmente empezar a disminuir el enorme costo de la enfermedad. Esto retrasaría el progreso en el cuidado de la salud, que ayuda a acelerar el desarrollo económico en los países donde las personas están hambrientas de trabajos, oportunidades y esperanza.

Necesitamos entender de una vez por todas que la innovación no es el problema. Es la solución.

 

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