Como estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México, José Luis Bobadilla fue miembro del Consejo Técnico de la Facultad de Medicina y se graduó con uno de los mejores promedios de su generación. Tempranamente en sus estudios de medicina se interesó por los determinantes sociales de la enfermedad, e inmediatamente después de terminar la carrera se incorporó al gobierno federal para trabajar en la conformación de un grupo de diseño y análisis de información sobre salud y población.
Congruente con la búsqueda de la excelencia académica, fue además uno de los primeros miembros de su generación en completar sus estudios de doctorado en salud pública, que realizó en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de la Universidad de Londres.
Destacan dentro de sus actividades profesionales su participación en la fundación del Centro de Investigaciones en Salud Pública (CISP) en 1984 y del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) en 1987, que se creó mediante la fusión de la Escuela de Salud Pública de México, el Centro de Investigaciones sobre Enfermedades Infecciosas y el propio CISP. Como Director del CISP (1987-1991), José Luis Bobadilla fue el responsable de construir la infraestructura académica del INSP. Cabe mencionar dentro de esta tarea su incansable labor como presidente fundador de la Comisión de Investigación. Además, fue él quien concibió los Congresos Nacionales de Investigación en Salud Pública que el INSP ha venido realizando desde 1990. De hecho, fue el presidente de los comités de programa científico de los dos primeros congresos nacionales. El despegue académico del INSP no hubiera sido posible sin la pasión por la excelencia que siempre caracterizó al trabajo de José Luis Bobadilla.
El doctor Bobadilla destacó también como líder y mentor de muchos jóvenes que se formaron en la Maestría en Ciencias en Epidemiología, que él se encargó de institucionalizar como programa conjunto entre el INSP y la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Como investigador, se interesó particularmente por la equidad en salud. Desde el inicio de su carrera se dedicó a la medición y al análisis de las necesidades de salud, en especial de las mujeres y los niños, y al estudio de mecanismos de distribución racional de los recursos para la salud. Asimismo, fue pionero en la medición de la calidad de la atención prenatal y del parto; su tesis doctoral es ya un trabajo clásico sobre el tema. Después de dedicarse intensamente a la investigación sobre la epidemiología perinatal y a la reflexión sobre los indicadores de salud infantil, su interés se enfocó en la mortalidad materna, que expresa las consecuencias extremas y dolorosas de la inequidad en el acceso a servicios de calidad para la atención del embarazo, el parto y el puerperio. Era tal la elegancia de los diseños de sus investigaciones y tal el cuidado con que las llevaba a cabo, que el doctor Avedis Donabedian, durante una de las reuniones del Comité Consultivo Académico del INSP, expresó su admiración calificando a José Luis como un "artesano de la inves-tigación".
El doctor Bobadilla también fue pionero en el estudio de la transición epidemiológica. De hecho, escribió el primer trabajo que introdujo en México el concepto de transición epidemiológica y fue coautor de algunos de los artículos más citados sobre este tema. Su trabajo en el campo de la transición epidemiológica y su trayectoria como líder de la salud pública en México le valieron la invitación a formar parte del área de investigación del Banco Mundial. Después de un debate consigo mismo aceptó el desafío con la intención de darle a su trabajo profesional una perspectiva internacional.
Desde su llegada al Banco Mundial puso en evidencia su capacidad al participar como coeditor del libro Prioridades para el Control de Enfermedades en Países en Vías de Desarrollo y posteriormente como coautor del célebre Informe sobre el Desarrollo Mundial 1993: Invertir en Salud. A él se debe la formulación de los paquetes de servicios de salud como instrumento de ampliación de cobertura. En México fue el encargado, dentro del estudio Economía y Salud, de diseñar el paquete esencial de servicios de salud, que sirvió de base para el paquete que hoy constituye uno de los pilares de la reforma del Sector Salud mexicano.
Como funcionario del Banco Mundial, además, viajó literalmente por el mundo entero entrevistándose con ministros de finanzas y de salud y con otros altos funcionarios, a fin de brindarles su cooperación y de convencerlos sobre la necesidad de mejorar el financiamiento del sec-tor salud, establecer con mayor transparencia las prioridades y promover políticas saludables.
Los últimos años de su vida los consagró al diseño de criterios para la definición de prioridades en salud, al estudio de la epidemia de violencia que azota a los países de América Latina y a impulsar el proceso de reforma por el cual atraviesan gran parte de los sistemas de salud del orbe. Desde su posición internacional mantuvo siempre un estrecho contacto con México y utilizó toda su influencia para ayudar a la causa de la salud en su país.
José Luis Bobadilla fue miembro de la Academia Nacional de Medicina, la Sociedad Mexicana de Salud Pública, la Sociedad Mexicana de Calidad de la Atención a la Salud, la Asociación Mexicana de Epidemiólogos, la International Epidemiological Association y el Comité de Población de la National Academy of Sciences de Estados Unidos.
Como ser humano cálido, José Luis Bobadilla siempre supo combinar la amistad y el trabajo profesional, lo que le ganó el respeto y el afecto de muchos colaboradores y alumnos.
Sobreviven a José Luis su esposa Patricia, médica y demógrafa; sus hijos Mariana, Sebastián y Lorena; sus padres, la señora Lilia Fernández y el doctor Rosendo Bobadilla, y su hermano Carlos.
La salud pública mexicana ha perdido a uno de sus mejores hombres; la salud del mundo a uno de sus incansables promotores. Su muerte a destiempo deja un vacío insalvable en los corazones de sus familiares, amigos, colegas y discípulos. Pero su vida intensa nos deja la inspiración de una obra intelectual e institucional que habrá de perdurar. Más que nada, su enorme calidad humana nos deja una riqueza espiritual que estará siempre con nosotros.
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